jueves, 16 de abril de 2009

Los Tambores del Siglo XXI

Los tambores cantan, hablan, dialogan, acusan, avisan. Hoy los sueños prohibidos, clausurados y desalojados del siglo XX se cuelan entre las gargantas de las congas y los yembes que obstinadamente no dejan de cantar ,desde las alturas de los andes o desde las entrañas del Magreb, que una nueva Revolución se está comenzando a parir en los estómagos ahítos del primer mundo. La Revolución del siglo XXI no trae bajo el brazo el “Libro rojo” de Mao o “El Manifiesto” de Marx y Engels, ni pensar entonces en las “Memorias del Che en Bolivia” o “La conquista del pan de Kropotkin”, con dolor digo: no, nada de eso, aunque bien me gustaría. Pero hay que aceptarlo, estas ideas duermen, con pesadillas y todo, en el espinoso letargo que el capitalismo les impuso al finalizar el siglo XX. La Revolución que anuncian las percusiones que hablan desde los vientres de los terceros mundos, es de carne, huesos y sueños, muchos sueños. No tiene ideólogos, ni milicianos luchando desde los sindicatos o la sierra. Este Pequeño Ejército Loco (como dirían los Sandino Rocker’s) se mueve en patera, tiene las espaldas mojadas y vuela en la más lucrativa de todas las líneas aéreas, esta es: Balseros Airline’s. Profesa la Revolución en negro y clandestina. No trae armas, trae hambre de trabajar digna y legalmente.
Su objetivo, no es muy disímil de lo que fueron sus primas revolucionarias del siglo pasado, mal que mal, sigue siendo la revuelta de los de abajo. Vivir sin temor al futuro es lo que desea. También crece en ella una utopía, ¿utopía?, mejor digamos idealización. La “idea” disfrazada de sueño que el primer mundo ofrece a la humanidad a través de sus vitrinas televisivas es lo que, en definitiva, empuja a muchos a migrar, a moverse, a escapar buscando aquella “idea” de la Europa próspera y sin contradicciones económicas. La Europa de Hollywood.
A pesar de no profesar rojas banderas, ni la redención de todos los hombres y mujeres, ésta Revolución es también víctima de las artimañas que el capitalismo inventa para destruir, y luego vender, todo aquello que le gruñe con vehemente desafío. El despotismo de la libertad neoliberal resguardada por sus siervos, peones y lacayos de siempre, ha encontrado la fórmula para detenerla, justificándose en: 1) La falta de empleo que esta incuba, 2) La obligación en la que se ven los grandes empresarios para disminuir los sueldos de sus empleados, pues los que llegan trabajan por menos dinero, 3) La criminalidad de la cual padecen los inmigrantes sin papeles, lo cual obliga a los gobiernos europeos a crear centros de internamiento o digámoslo, cárceles para extranjeros sin papeles. De esta manera, los déspotas del liberalismo globalizado desarrollaron una fórmula para proteger a su aldea-global de la Revolución clandestina que traen los que vienen desde el sur y que según ellos se agolpan en los grandes centros productivos amenazando la estabilidad social y económica del primera mundo, me pregunto: Qué pasa con las hectáreas de tierras y olivares que los cortesanos de Granada se rehúsan a producir?. Nada, no pasa nada y sin embargo, son los inmigrantes quienes vienen a ahogar los pocos puestos de empleo que hay en el campo, pero son los mismos inmigrantes, ilegales o no, que pagando los putos impuestos permiten que “los de sangre azul” vivan mejor que todos los españoles e inmigrantes juntos.
La justificación de la que hablo, ha servido para imponer nuevas cadenas a los siervos televisivos presos de una realidad que sólo refleja una voz, una voz que repite incasablemente el monólogo del poder: Miedo, y más miedo, son los argumentos con los que los gerentes del mundo combaten la Revolución del siglo XXI. A Base de prejuicios y categorizaciones mediáticas, el inmigrante se ha vuelto un “ser” peligroso. Así combaten, así crean xenofobia, arma fundamental en la cruzada que el primer mundo lleva a cabo para frenar a la horda de bárbaros que vienen a destruir los cimientos de la civilización capitalista. Durante la caída del Imperio Romano, también se creía que los bárbaros traerían sólo dolor y miseria. Los visigodos por ejemplo, eran un pueblo bárbaro, el que sin embargo logró constituirse como fuente esencial en el desarrollo cultural de la Hispania medieval, con sus reinos y sus leyes, su arte y su lengua.
Cuando nos planteamos frente al “problema” de la inmigración, no se intenta victimizar a quien no tiene derecho a tener derechos, tampoco de criminalizarlo como repiten día a día los medios de comunicación y las leyes de inmigración de los estados europeos. Si bien es cierto muchos de quienes emigran a Europa o Estados Unidos, lo hacen fundamentalmente porque existe una idealización del primer mundo, lo concreto es que esa idea se diluye porque ese sueño no se logra alcanzar, sin embargo, es necesario reconocer que un cierto porcentaje de inmigrantes, actualmente, goza de las bondades que el capitalismo europeo ofrece, aunque la Clase sea la misma de la cuna, pues para el inmigrante no existe dinamismo social. Un eterno retorno a la Clase, diríamos. De todas maneras, el recorrido es el mismo para todos y todas, una ruleta que no para nunca, nunca, nunca de girar.
La Revolución en negro es un proceso que viaja a tiempo geológico en las capas subterráneas de la cultura europea occidental. Esta nueva Revolución apunta, inconscientemente, a las estructuras culturales de la civilización capitalista. Requiere de tiempo.
¿Qué relación tiene, la Revolución de la que hablo con aquel concepto de Revolución que apunta a un cambio radical en las estructuras?. Como dije en alguna parte de este artículo, este es un problema esencialmente cultural, lo cual nos indica que la historia, la lengua, las costumbres, la cultura en definitiva piano piano se irá sincretizando con la cultura dominante europea, lo cual puede estar ocurriendo mientras escribo estas ideas. ¿No ocurrió algo similar con los Árabes y la sociedad sometida a los reinos ibéricos durante el medioevo?¿No ocurrió algo similar en nuestra América cuando Herman Cortés impuso la cruz a golpe de espada en el México de los Aztecas? Mestizaje fue como le llamaron sutilmente, a ese proceso histórico. ¿No podría ser esto, entonces, el inicio de un cambio revolucionario en las estructuras lingüísticas y culturales de la Europa Occidental? Lo cierto, independiente de lo lento que sea este proceso, es que es un movimiento revolucionario que se produce desde abajo hacia arriba, y no viceversa, pues quienes lo incuban, irremediablemente (por ahora) subyacen al poder político, económico y social. Este último, quizás, poco a poco comienza a ser extirpado de las manos de los que siempre lo han tenido, no obstante y lamentablemente, éste proceso también se mueve a tiempo geológico.
Mientras la Revolución del Siglo XXI se gesta en las fraguas del sincretismo callejero, la sociedad no puede, bajo ninguna circunstancia, olvidar a los cientos de personas que actualmente se encuentran pagando sus pecados en el inquisidor encierro de un CIE, o que son víctimas de la exclusión social y del racismo institucional. Si queremos que este proceso sea un “sincretismo cultural” y no una “aculturación”, entonces es deber de cada ciudadano, con o sin papeles, de abrir los ojos, levantar la cabeza y comenzar a caminar, con la tolerancia que requiere este momento histórico, y exigir desde ya, legalidad y dignidad.
Mucho agua falta que escurra bajo los puentes de Europa, mucha agua. Por ahora, las congas y los yembes se han instalado en Lavapiés, en pleno corazón de Madrid anunciando la redención que las castigadas utopías y sueños del siglo XX no pudieron levantar.

1 comentario:

María Paz dijo...

atravesando ventanas azarosas...te encontre pateando letras...y me encontre reconociendo tu nombre. Puro azar esta babel virtual. Un abrazo. María Paz